Una pregunta inferencial no le pide al estudiante encontrar una respuesta escondida

Elizabeth Aldazabal

Elizabeth Aldazabal

Gerente de Diseño y Desarrollo de Producto

Una pregunta inferencial no le pide al estudiante encontrar una respuesta escondida

Esa diferencia es importante.

Cuando una pregunta solicita ubicar un dato, el estudiante puede volver al texto y señalar la información tal como aparece.

Pero cuando la pregunta exige explicar una causa no dicha, relacionar un texto con un gráfico o elaborar una conclusión a partir de varias informaciones, la demanda cambia.

Ya no basta con localizar.
Hay que integrar información.

Pensemos en un ejemplo didáctico: un texto expositivo acompañado de un gráfico sobre contaminación sonora.

El gráfico muestra que el tránsito vehicular aparece como la principal fuente de ruido. El texto explica que la exposición constante al ruido afecta la salud, el descanso y la concentración.

Si la pregunta pide identificar la principal fuente de ruido, el estudiante localiza información.

Pero si pregunta por qué sería necesario priorizar medidas relacionadas con el tránsito vehicular, necesita hacer algo más.

Debe integrar el dato del gráfico, la explicación del texto y las consecuencias del ruido en la vida de las personas.

Ahí se elabora la inferencia.

No está escrita en una sola línea.
Tampoco nace de una opinión personal.
Ni se resuelve copiando una frase.

Se elabora cuando el lector reconoce pistas, conecta información explícita con lo que el texto permite deducir, moviliza saberes pertinentes y verifica si la conclusión inferencial se sostiene.

Por eso, una pregunta inferencial no debería quedar como una exigencia final.

Necesita formar parte de una ruta de lectura que ayude al estudiante a reconocer pistas, integrar información y verificar si la conclusión que elabora se sostiene.

Una pregunta puede recoger evidencia de comprensión, mostrar una dificultad o abrir una discusión.
Pero desarrollar inferencias exige diseñar oportunidades para que el estudiante aprenda el proceso.

Esto implica tomar decisiones pedagógicas concretas: seleccionar textos que demanden conexión de información, trabajar el vocabulario que organiza relaciones, modelar el pensamiento inferencial, abrir espacios para explicar cómo se llegó a una conclusión y enseñar a verificar si esa conclusión se sostiene.

Los resultados de ENLA nos recuerdan que la comprensión lectora sigue siendo un desafío. Pero la respuesta no debería quedarse en leer más textos o aplicar más fichas.

También necesitamos revisar qué procesos estamos enseñando.

Y la inferencia es uno de ellos.

Un buen material de comprensión lectora no solo pregunta por inferencias.
También ayuda a construirlas.
Porque inferir no es decir lo primero que parece correcto.
Es aprender a elaborar conclusiones a partir del texto, de saberes pertinentes y de una mediación que ayuda a pensar mejor.

 

 

 

 

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