Cuando una consigna se convierte en una barrera

Elizabeth Aldazabal

Elizabeth Aldazabal

Gerente de Diseño y Desarrollo de Producto

Cuando una consigna se convierte en una barrera

Mi ahijado me llamó un sábado por la noche, preocupado, y me dijo:

“Madrina, no entiendo esta pregunta. ¿Qué debo responder?”

Tenía que desarrollar una ficha de comprensión lectora. Al conversar con él, apareció algo importante: sí había leído el texto, recordaba lo ocurrido y podía explicar la decisión del personaje.

El problema era otro.

No lograba identificar qué debía hacer primero, qué debía relacionar, qué significaba “responder de manera crítica” ni qué tipo de respuesta esperaba la profesora.

A veces, antes de concluir que un estudiante “no comprendió”, conviene mirar también la consigna.

Esta reflexión dialoga con una idea clave del DUA: muchas barreras no están en el estudiante, sino en el diseño de las actividades, los materiales o las formas de expresar lo aprendido.

Desde esta mirada, revisar una actividad implica identificar posibles barreras: en el lenguaje, en la organización de la tarea, en la claridad del producto esperado o en la forma de expresar lo aprendido.

Una consigna clara no baja la exigencia. La ordena.

Permite que el estudiante concentre su esfuerzo en leer, analizar, relacionar, evaluar y justificar, y no en descifrar qué se le está pidiendo.

Diseñar experiencias de aprendizaje más inclusivas no siempre implica crear más recursos o modificar por completo una actividad. A veces comienza con una pregunta sencilla: ¿la consigna ayuda al estudiante a demostrar lo que sabe o le añade una dificultad innecesaria? Revisar nuestras instrucciones desde esta perspectiva nos permite reducir barreras, favorecer una participación más equitativa y ofrecer mejores oportunidades para que todos los estudiantes desarrollen su comprensión, su pensamiento crítico y su capacidad de aprender.

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