PISA 2025: ¿cómo sabemos que un estudiante realmente comprendió lo que leyó?
Elizabeth Aldazabal Contreras
Gerente de Diseño y Desarrollo de Producto
Entre 2018 y 2025 aumentó la proporción de estudiantes que responden con rapidez y de manera incorrecta, mientras disminuyó la de lectores precisos y fluidos. PISA también muestra que las dificultades asociadas a textos más extensos continuaron teniendo un peso importante en el descenso del rendimiento lector.
Estos resultados no permiten establecer una única causa. Pero sí nos recuerdan algo esencial: leer exige tiempo, atención sostenida y un trabajo cognitivo que se mantiene mientras avanzamos por el texto.
Comprender implica conservar algunas ideas, relacionarlas con nueva información, reconocer cuándo algo no tiene sentido, volver sobre lo leído, comprobar una interpretación y reajustarla cuando sea necesario. En tareas más demandantes, el lector necesita además integrar información que puede encontrarse dispersa, sostener varias ideas a la vez y evaluar cómo se relacionan.
Por eso, recorrer el texto hasta el final no nos asegura que la comprensión se haya construido. Y ahí aparece una pregunta fundamental para el aula:
¿Cómo sabemos que un estudiante realmente comprendió lo que leyó?
Las estrategias ayudan a construir comprensión
Un estudiante recibe una lectura. Hace una primera aproximación al texto y luego vuelve a leer. Subraya, sumilla, organiza información y elabora un resumen. Son estrategias valiosas. Ayudan a seleccionar, organizar, relacionar y recuperar información. Pero mientras las utiliza necesitamos observar algo más: qué está ocurriendo con la comprensión.
Cuando le pedimos que explique qué plantea el texto, el estudiante no logra hacerlo con claridad. Tampoco puede reconocer su idea principal ni establecer algunas relaciones necesarias para reconstruir su sentido. Entonces volvemos al texto, esta vez juntos.
Desde el título recuperamos lo que sabe sobre el tema y aquello que puede anticipar. Empieza a leer y aparece una vacilación ante una palabra: prosternación. Le preguntamos qué significa. No lo sabe. Buscamos su significado y regresamos a la oración. Pero conocer la definición no es suficiente. Necesitamos comprobar qué cambia ahora en la comprensión del fragmento.
Más adelante aparecen referencias a presidentes de otros países que el estudiante no conoce. El texto aborda la democracia y sus orígenes, y esas referencias son necesarias para comprender el contraste que propone. Aquí la dificultad ya no está solo en el vocabulario. También intervienen los conocimientos que el texto presupone.
Algo comienza a hacerse visible: durante sus primeras lecturas, el estudiante no había reconocido algunos vacíos que estaban afectando la construcción del significado.
Aprender a comprender también implica darse cuenta de cuándo algo ha dejado de tener sentido.
Comprender no es reunir ideas sueltas
Después del acompañamiento inicial, el estudiante continúa con el siguiente párrafo. Esta vez disminuimos el apoyo. Lee, explica qué ha comprendido y escribe un breve sumillado. El sumillado cumple una función importante: ayuda a sintetizar.
Pero todavía necesitamos avanzar. ¿Qué relación tiene esa idea con la del párrafo anterior? ¿La amplía? ¿La explica? ¿La ejemplifica? ¿La contrapone?
Comprender un texto no consiste en acumular una serie de ideas independientes. A medida que avanzamos, necesitamos integrar lo nuevo con lo anterior, establecer relaciones, realizar inferencias y revisar nuestra interpretación para construir un sentido global cada vez más coherente.
Por eso, un organizador visual, un resumen, un sumillado o una respuesta correcta pueden aportar evidencia de comprensión, pero necesitan ser interpretados junto con otras manifestaciones del proceso lector.
La pregunta no es únicamente qué produjo el estudiante. También necesitamos preguntarnos:
¿Qué nos muestra esa producción acerca de lo que realmente comprendió?
Necesitamos acercarnos al proceso
Aquí adquieren especial valor algunas preguntas durante la lectura:
¿Qué has comprendido hasta aquí? ¿Cómo lo explicarías con tus palabras? ¿Qué significa esta expresión en este contexto? ¿Por qué el autor incorpora este ejemplo? ¿Cómo se relaciona esta idea con la anterior? ¿Qué información sostiene tu interpretación?
No se trata de detener la lectura después de cada oración ni de convertirla en un interrogatorio. Se trata de generar oportunidades, cuando sean necesarias, para que el estudiante haga visible su comprensión y podamos reconocer con mayor precisión dónde necesita apoyo.
A veces será necesario trabajar una palabra indispensable para comprender el pasaje. En otras ocasiones, ampliar un conocimiento que el texto presupone. También puede ser necesario ayudar a relacionar información, revisar una inferencia, reconstruir el sentido global o simplemente enseñar a detenerse y comprobar si lo que se está leyendo realmente está teniendo sentido.
Las estrategias siguen allí. Lo importante es que el estudiante aprenda a utilizarlas con un propósito lector, no únicamente porque forman parte de una secuencia que debe cumplir.
Acompañar para construir autonomía
El propósito no es que el docente conduzca permanentemente la lectura. Al inicio puede ser necesario pensar en voz alta, modelar cómo volver al texto, mostrar cómo buscar una pista o formular las preguntas que el estudiante todavía no se hace. Después, el apoyo debe disminuir.
Será el propio lector quien tendrá que reconocer cuándo algo no está funcionando y decidir qué hacer: releer, recuperar información anterior, aclarar el significado de una palabra, buscar un conocimiento que necesita, comprobar una inferencia, relacionar dos ideas o revisar su interpretación.
Ese es un paso decisivo.
Las estrategias dejan de ser únicamente acciones sugeridas desde fuera y empiezan a convertirse en recursos que el lector selecciona y utiliza para regular su propia comprensión.
PISA 2025 nos muestra resultados a los 15 años. En el aula tenemos otra posibilidad: observar y acompañar ese proceso mucho antes. Por eso, además de preguntarnos si nuestros estudiantes leen, subrayan, sumillan o elaboran organizadores, necesitamos mirar algo más profundo: si pueden sostener la construcción de significado mientras leen, reconocer cuándo la comprensión se interrumpe y movilizar recursos para continuar.
Enseñar estrategias de lectura es necesario.
Su verdadero valor aparece cuando ayudan al estudiante a comprender, a monitorear su propia comprensión y, progresivamente, a saber qué hacer cuando el sentido todavía no se ha construido.