Bienestar docente: un punto de partida para la educación emocional

Ediciones Corefo

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Bienestar docente: un punto de partida para la educación emocional

Cuando hablamos de educación emocional en la escuela, solemos pensar en lo que necesitan aprender los estudiantes: reconocer sus emociones, afrontar la frustración o resolver un desacuerdo. Pero ¿qué lugar ocupa el bienestar de quienes los acompañan?

En su participación en Corefo: Voces que educan, el Dr. Rafael Bisquerra Alzina plantea una pregunta que invita a revisar ese punto de partida: “¿Podemos educar desde el malestar docente?”.

Su respuesta sitúa el bienestar de los docentes como una condición necesaria para una educación de calidad. Por eso, sostiene que deben ser los primeros destinatarios de la educación emocional, también para su propio bienestar.

Antes de preguntarnos cómo enseñar a los estudiantes a gestionar sus emociones, necesitamos considerar qué formación y acompañamiento reciben los adultos que asumen esa tarea.

 

Los docentes también necesitan educación emocional

Bisquerra presenta la educación emocional como un proceso que continúa a lo largo de toda la vida. Su alcance comprende las distintas etapas educativas, la formación profesional y la formación continua.

Desde esta perspectiva, los docentes también siguen desarrollando sus competencias emocionales. Enseñar implica afrontar situaciones que pueden generar preocupación, enojo o frustración, y disponer de recursos para responder ante ellas forma parte de ese aprendizaje.

El planteamiento del especialista permite reconocer que el bienestar docente tiene valor en sí mismo. La educación emocional está dirigida también a quien enseña, por lo que aporta a su manera de comprender lo que siente y afrontar las experiencias de su propia vida.

Para los líderes educativos, esta idea abre una pregunta sobre las prioridades de la escuela: ¿qué lugar se está dando al bienestar de los adultos dentro de las propuestas de educación emocional?

 

Sentir una emoción y decidir cómo responder

Una de las distinciones centrales que desarrolla Bisquerra es la diferencia entre experimentar una emoción y actuar a partir de ella.

El especialista reconoce el derecho a sentir miedo, ira, enojo o indignación. Sin embargo, señala que la intensidad de una emoción no debe derivar en violencia. Para ello, destaca la regulación emocional, que define como: “La capacidad para poner inteligencia entre los estímulos y las respuestas que damos”.

Esta precisión ayuda a comprender qué se busca aprender. Reconocer el enojo es un paso; regularlo implica trabajar sobre la respuesta que damos cuando lo experimentamos.

En la escuela, esta distinción permite abordar las emociones sin justificar conductas que dañan a los demás. Un estudiante puede necesitar ayuda para expresar su frustración y, al mismo tiempo, un límite frente a una agresión.

La misma reflexión alcanza a los adultos. El docente también experimenta emociones y necesita recursos para decidir cómo responder. Por eso, el bienestar y la regulación emocional forman parte de la conversación sobre cómo acompañar.

 

La formación es una condición para acompañar

¿Cómo empezar a trabajar la educación emocional en el aula? Bisquerra responde poniendo el énfasis en la preparación del docente.

En el episodio, compara iniciar esta tarea sin formación con enseñar Física o Matemática sin conocer la materia. Su planteamiento es claro: una educación emocional de calidad requiere formación previa.

Esta observación permite revisar la idea de que basta con tener buena disposición o aplicar una dinámica. Acompañar las emociones exige conocimientos y criterios para comprender qué se está trabajando y con qué propósito.

La formación que propone Bisquerra tiene un doble sentido: contribuir al bienestar del docente y prepararlo para desarrollar la educación emocional con sus estudiantes. Desde esta mirada, cuidar y formar son responsabilidades vinculadas.

 

¿Qué puede aportar este aprendizaje a la escuela?

El aporte de Bisquerra devuelve la atención a una cuestión fundamental: la educación emocional también empieza por los adultos.

Su propuesta reconoce a los docentes como personas que necesitan bienestar, formación y oportunidades para seguir desarrollando sus competencias emocionales. Esa mirada amplía la responsabilidad de la escuela y de sus líderes al organizar el acompañamiento educativo.

Desde el propósito de formación integral que promueve Corefo, esta conversación invita a pensar en el cuidado de toda la comunidad educativa. Comprender lo que sentimos, reflexionar sobre nuestras respuestas y actuar considerando a los demás son aprendizajes que continúan a lo largo de la vida.

Si queremos acompañar el desarrollo emocional de los estudiantes, el bienestar de sus docentes debe ocupar un lugar central. Esa es una de las ideas que Rafael Bisquerra nos invita a profundizar.

Conoce sus reflexiones sobre regulación emocional, formación y bienestar docente en el episodio completo de Corefo: Voces que educan: T2 - EP. 6 | RAFAEL BISQUERRA: CLAVES PARA EL APRENDIZAJE SOCIOEMOCIONAL

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